La desigualdad

Muchas veces hemos podido escuchar a la gente hablando de la igualdad en las noticias, los periódicos, la escuela, el parque y muchos otros lugares del planeta. Utilizan este término tantas veces hoy en día que reporteros, políticos y líderes corporativos reflejan tener una apropiación y un conocimiento absoluto de lo que la «igualdad» significa y debe ser. Pero, ¿será que realmente lo saben, o solo utilizan esta palabra para adornar su discurso, llegar a más personas y aumentar su influencia y control sobre la sociedad? En primer lugar, ¿cómo definen ellos la «igualdad»?

La «igualdad» es definida como «un principio fundamental de todos los seres humanos, el cual les reconoce los mismos derechos, obligaciones y oportunidades ante la ley, sin discriminación alguna por su origen, raza, género, religión, lengua, condición social, etc.», según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), una entidad global cuyo objetivo es mantener la paz mundial, pero a su vez promover los derechos humanos (derechos que tenemos por el simple hecho de ser humanos).

Sin embargo, la «igualdad» como idea no nace de la nada, sino de cientos de batallas y miles de muertes a lo largo de la historia de personas que decidieron alzar su voz y luchar por un mismo objetivo: ser tratados igual que los demás sin distinción alguna. Solo nos podemos hacer una única pregunta ante todo esto: ¿en realidad se cumplió? ¿Somos en verdad hoy en día todos «iguales»?

A pesar de que millones hayan derramado su sangre por este objetivo común en el pasado, hoy en día sigue habiendo personas para las cuales conseguir un plato de comida es un desafío cotidiano; personas para las cuales tener un trabajo es un lujo y deben rebuscarse vendiendo chatarra bajo el ardiente sol de las calles; personas para las cuales la salud es un privilegio y no una necesidad a la que todos puedan acceder, entre muchos otros problemas.

Preguntémonos: ¿en el mundo en el que vivimos realmente hay una «igualdad», o solo una antítesis de ella? A pesar de que muchos puedan acceder a la educación, al trabajo, a la salud, etc., y tener las mismas oportunidades, millones son los que sufren de acoso, asesinatos, violaciones, hambre y marginación. Si no volvemos a luchar una vez más por el cambio en nuestra sociedad por todas las personas del mundo, la verdadera «igualdad» quedará solo como una palabra arrugada en el papel y no podremos avanzar nunca como humanidad.

Imagen: Simbología de Barranquilla de Alejandro Obregón

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