El arte de existir solo para uno mismo

Egoístas, ¿tan mal me caen? sí.

Hay personas que entran a un salón y, antes de siquiera ver a alguien, miran cuál es el espacio que se merecen. ¿Hay necesidad de hacer eso? En su cabeza siempre está rondando la idea de que el mundo orbita a su alrededor. Ni siquiera son difíciles de reconocer. Sabes que son así cuando empiezan a hablar más de la cuenta sobre sí mismos, cuando hablan de sus logros sin que nadie se los haya pedido y cuando dejan de prestarle atención a la conversación en el momento en el que alguien más menciona algo sobre sí mismo. 

¿Esta gente no se habrá preguntado si el bien propio, sin los demás, aún es un bien?

Es muy diferente la persona con seguridad y autoestima que la persona egoísta y narcisista. La persona con autoestima se construye como alguien que puede lograr lo que se propone, mientras que el egoísta solo acumula. Claramente, uno sabe reconocer el trabajo de los demás, mientras que el otro piensa que compartir el crédito lo volverá un idiota.

Arrogancia, narcisismo, egoísmo, egocentrismo, avaricia; tantas palabras para referirse a lo desagradable que son estas personas.

Por último, hay una idea que jamás admitirán los egocéntricos. La vida se vuelve más pequeña cuando te centras solo en tu bien y más grande cuando aprendes a convivir y a compartir con los demás. Tal vez, y solo tal vez, la pregunta no es quién es mejor en aquel salón. Quizás la pregunta es si cuando por fin se callan, el salón queda con caras felices o con caras aburridas.

Imagen: Egoísmo - Pixabay

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